miércoles, 28 de noviembre de 2012
Mis derechos
Estaré mejor sin ti
sábado, 6 de octubre de 2012
Aqui y ahora
Llevo casi dos años atado a una relación que no se muy bien a donde lleva, si es que lleva, no se si me aporta, y en el caso de que la respuesta fuese afirmativa, la siguiente cuestión sería: ¿Qué me aporta?
Realmente la quiero, y al final parece que todo termina alli.
Somos muy diferentes, yo quiero calle, ella casa. Yo quiero conocer, explorar, y ella quiere comodidad confortable, yo quiero cercanía y pasión, y ella proximidad y aburrimiento. Yo quiero el cielo y ella me da una habitación pequeña con la prohibición de fumar.
A veces no entiendo que hacemos juntos....
Pero la quiero....
Vivo con la sensación de que oculta algo tras esa fachada de negación, paso los dias, los meses creyendo que un día me despertaré y me dirá: Te he estado engañando, llevo meses viendome con tal....
Paranoyas seguramente solo creadas por mis miedos, mi pasado lleno de historias parecidas y tambien ayudadas por su poca transparencia. Es dificil crear un mundo mágico alrededor nuestro, una vida de confianza y conversación. Cuando todo se limita a comer y ver peliculas.
Lo que realmente quiero es ilusionarme cada día, esperar el amanecer con su sonrisa, que ella espere la mia con ansia, y no solo mi compañia. Lo que realmente quiero es notar como me ama, que me diga que me necesita, que me muestre que me desea, que me aprecia, que me admira. Que soy algo mas que un mero pasatiempo, una persona con la que llenar un espacio del corazón.
Todo esto tal vez exista minimizado y mezclado entre los quehaceres triviales, pero yo ciertamente no lo percibo, necesito mas y no creo que sea mucho pedir, solicitar lo imposible. Ser feliz a su lado.
Ella siempre dice que no lo puedo tener todo y ese es mi problema, el suyo seguramente es no escuchar mis anhelos o simplemente obviarlos, negarlos por fantasiosos, o ignorarlos por estúpidos.
Al final ella duerme tan ancha y yo me siento tan solo..... tanto como aquel árbol cayendo solo en el bosque, incapaz de decir nadie si ese estruendo es perceptible o no lo es.
No se si me he explicado, seguramente me he desfogado. Que no es poco
martes, 8 de marzo de 2011
Junto al fuego
Tal vez no sea muy común merendar cisne, y aún menos común creo que es un cisne de este plumaje. No fue fácil conseguirlo, para ello tuve que caminar días y días sin descanso por lugares donde nunca antes el humano puso el pie, tuve que ascender montañas, cruzar ríos, beber de aguas tuertas, tuve que pedir favores que me será imposible devolver y pasar cerca de media vida, largos años, hasta encontrarme con el. Hubiera sido mucho más fácil, tal vez, robar un cisne común, comprar un spray amarillo y rociar al animal con él, pero entender que no hubiese sido lo mismo.
Derrochar todo por nada, como quien dedica su vida a recolectar chapas, contar nubes, acumular fortuna o escribir poemas, esa era la idea, gastar el tiempo en lo fútil e innecesario.
Y lo conseguí. Ahora aquí me hallo comiéndome la escasa carne de un cisne amarillo de plumas doradas y afiladas y la verdad: No tiene muy buen sabor
Fútbol
Tal vez me guste tanto el deporte, el futbol en concreto, por la sensación de dominio que siento. No necesito hablar, ni ordenar mis pensamientos, no necesito posicionarme, ni concretarme, ni hacerme valer. Dame la pelota y vuelo.
Jugando soy un marqués, una canción hermosa, la rima perfecta. La seguridad y la confianza implacable a diez centímetros del cuero. Cuando acaba el partido vuelvo a ser David.
Ni por el elogio, ni por los goles, las estadísticas o la victoria. Disfruto tanto por la habilidad en el esfuerzo, por el dominio en los detalles. Me siento conectado a la magia y tan cerca de la perfección que puedo golpearla con la bota y dejarla lamiendo la escuadra.
Puedo volar y sentirme por un rato impasible, impenetrable, eficiente y totalmente seguro en cada finta y cada pase. Por cuarenta minutos mi nombre y mi presencia brilla en mayúsculas con luces de neón.
Una cereza
Intentos de suicidio, hipotecas compartidas, calderilla en los bolsillos rotos, kebabs de ayer en la nevera, facturas, tipos de interés, tipos nada interesantes, bragas rotas en un cubo, sangre en la barandilla, negro sobre blanco, ideas sobre algo. Todo, nada. Algo.
Pisos piloto, pilotos sin un piso. Venta de inmuebles, vacios o con muebles. Euros, dollares, petrodollares, petroeuros.
En mi bolsillo hay cuarenta centimos con los que me voy a comprar unas chucherías. Rojas, verdes, deliciosas, amargas, ácidas, azules. 40 centimos de chucherías.
Me siento en un banco de la plaza Santa Ana a comermelas viendo vidas pasando rápido: Novios, facturas, llego tarde, cafés, esta noche borrachera, Madrid – Barça, compras, mama me espera en casa. Sueños, planes, deseos, vidas…
Me queda una cereza y me la como. Mmm… está riquísima.
La moneda
Que es lo que me queda, después de vencer a la moneda, después de jugarme la vida a cara o cruz, que es lo que me queda. Cara.
Tal vez no sea mucho, ni demasiado, ni siquiera podría decir que es poco o incluso algo menos que nada, pero sí. Es cara.
El brillo metalico sonriendo a tu victoria, la antesala del gozo, la moneda volteada en el aire, girando, girando, girando y girando. Y cuando cae en la mano, es cara.
No importa el motivo, ni la apuesta, ahora solo es el desenlace: Cayo cara, ganaste, comienza el partido.
